La primavera en el viñedo es una época marcada por el despertar de la planta, que empieza a brotar después del reposo del invierno. El verde vuelve a dominar progresivamente el paisaje y el ciclo vegetativo de la cepa arranca de nuevo. Es un período decisivo y de intensa actividad, que marcará la resistencia de la planta frente a enfermedades y la calidad de la futura uva.

Ciclo primaveral de la vid

A mediados de marzo comienza el período de inflorescencia, cuando la savia inicia de nuevo su movimiento después del invierno. Las raíces se activan y envían savia hacia arriba, haciendo que ésta gotee a través de los cortes de la poda. Este fenómeno señala el despertar del viñedo y recibe el nombre de “lloro del viñedo”.

Hacia finales de marzo y durante abril la cepa comienza a germinar. Aparecen los primeros pámpulos, debido al aumento de la temperatura y la humedad. Este período es especialmente crítico, ya que las heladas tardías de primavera pueden ser devastadoras por los brotes tiernos.

Durante el mes de mayo el viñedo se encuentra en su esplendor más verde y en el inicio de su ciclo reproductivo. Los brotes se alargan y las hojas cubren la cepa.Es el momento de realizar la poda en verde y empezar a realizar los primeros tratamientos preventivos para combatir plagas y enfermedades de la vid.

A partir de junio, con la llegada del calor, tiene lugar el cuajado: las flores fecundadas se transforman en pequeños frutos verdes (uva). El proceso de fecundación es determinante, ya que dicta la cantidad y la calidad de la uva que se vendimiará.