Para entender una región vitivinícola y la expresión de sus vinos es necesario mirar primero los elementos del paisaje que conforman la zona. Uno de estos elementos es el tipo de suelo, que en el Priorato adquiere especial importancia porque no sólo moldea el paisaje, sino que influye profundamente en la personalidad de la uva que crece.
Influencia en la vid
Hablamos de la llicorella, un suelo pizarroso de roca metamórfica formado hace más de 250 millones de años, durante la época del paleozoico. De color grisáceo, con matices rojizos y azulados, tiene una estructura laminar formada por finas capas de pizarra mezcladas con pequeñas vetas de cuarzo. El resultado es el de un suelo pedregoso y poco compacto.
A su fragilidad, se le suma la escasa retención de agua. La llicorella es una roca impermeable y pobre en nutrientes, lo que obliga a la cepa a arraigar en las capas más profundas para obtener arcillas más beneficiosas, desarrollando así sistemas radiculares más largos y fuertes. Por este motivo, la planta crece a un ritmo más lento y la producción de uva no supera el kg por cepa, haciendo del Priorato una de las zonas vinícolas de España con menor rendimiento.
Sin embargo, el estrés hídrico favorece la concentración de aromas, azúcares y compuestos fenólicos de la uva. Además, hace la cepa más resistente a la sequía, ya que al penetrar más profundamente, las raíces acceden a pequeñas reservas de agua que duran más tiempo en períodos secos.
Expresión en el vino
En el vino, gracias a la baja producción de uva, se expresa con mayor intensidad aromática y sabor. Son vinos con cuerpo, buena estructura y taninos firmes, pero sobre todo destacan por sus notas minerales: sensaciones de piedra caliente, grafito o pizarra, que aportan complejidad y carácter. La concentración, estructura y equilibrio también los convierte en vinos con gran potencial de envejecimiento.
