La poda de invierno, también conocida como poda en seco consiste en eliminar la madera vieja de la vid dejando sólo los sarmientos más fértiles. Este proceso se realiza durante los meses de invierno, entre noviembre y marzo, cuando la planta se encuentra en reposo vegetativo. Durante esta época, la sabia desciende hasta la raíz, con lo que toda la energía se concentra en las partes esenciales de la vid, haciéndola más resistente a las heladas y minimizando los posibles daños.
Tipos de poda
En función del vigor de la planta, la variedad de uva, el sistema de conducción y los objetivos que buscamos, optaremos por un tipo de poda u otro.
La poda corta o en Cordón Royat es común en espalderas, ideal para variedades con una fertilidad basal elevada. Se caracteriza por tener uno o dos brazos horizontales permanentes y estables situados sobre un alambre conductor. Esta técnica facilita la mecanización.
La poda larga o Guyot es la más recomendable para las variedades de baja fertilidad y consiste en dejar uno o dos sarmientos en cada cepa, junto con dos pulgares. Este tipo de poda se utiliza para aumentar la producción en cepas de bajo y medio vigor.
La poda en vaso es ampliamente usada en viñedos mediterráneos en los que las cepas crecen libremente sin soporte. Se forman tres o cuatro brazos ascendentes que se pueden cortar. De esta forma la uva madura mejor y la planta se airea.
Beneficios
La poda permite controlar el crecimiento de la cepa, evitando que ésta crezca desmesuradamente y sin estructura. Gracias a la poda facilitamos el manejo de la planta y evitamos su envejecimiento. Como seleccionamos sólo los sarmientos fértiles, limitamos la futura producción de uva, ya que la planta concentra la energía en menos sarmientos y, por tanto, la uva se convierte en más calidad. Además, aseguramos la salud de la vid, previniendo infecciones y hongos y ayudamos a la planta a equilibrar la producción vegetativa y reproductiva, clave para la sostenibilidad del viñedo a largo plazo.
